Mientras
más alta sea la temperatura
del vino, más pesada parece la "suavidad" y
más mordiente la acidez. Esta es la razón
por la cual se refrescan los vinos blancos secos.
Los vinos dulces y los generosos en alcohol se
beben incluso más frescos.
La temperatura
tiene un efecto sobre el desprendimiento de
gas carbónico, que tiende a desprenderse
con más fuerza cuando se eleva la temperatura,
por esto el Champagne y los vinos espumosos se
sirven muy frescos, para que el desprendimiento
del gas se limite y resulten más agradables.
Para conservarlo
a buena temperatura durante todo la comida,
la manera más simple de
refrescar un vino es sumergirlo en una hielera
llena de una mezcla de agua y cubitos de hielo.
Si se cuenta con más tiempo, éste
puede enfriarse en el refrigerador, pero jamás
en el congelador. Un recipiente isotérmico
conserva la temperatura durante unas 3 horas.