Bodegas Viña
Alicia
En su pequeña bodega
de Vistalba, rodeada de un bellisimo paisaje,
Alicia Mateu y su esposo elaboran delicados
elixirs para coleccionistas.
Exquisita, elegante, apasionada,
emprendedora, perfeccionista. Si quisiéramos
pintar un cuadro de Alicia Mateu de Arizu
honrando su gusto por el arte, estas cinco
palabras servirían para guiar la mano
del artista. Esposa de Alberto Arizu (padre)
socio de Luigi Bosca, hija, esposa y madre
de bodegueros, Alicia encabeza desde hace
algunos años su propia firma, Viña
Alicia, una bodega que produce al año
18,000 botellas de exclusivos vinos, destinados
a nutrir enotecas privadas.
Entre los iluminados se cuentan
los cien miembros que conforman el círculo
de socios del Club de Viña Alicia,
algunos de Mendoza, otros de Buenos Aires
y Canadá, nueve famosos restoranes
de Capital Federal - entre ellos el Sofitel
y del Four seasons - y el de Carlos Pulenta
- La Bourgogne -, en Vistalba.
La joya que nace y se cria
en el pintoresco chateu situado cerca del
río Mendoza, que algunos han calificado
como "el país de las maravillas" en
alusión al nombre de su propietaria,
es el Cuarzo, un blend de uvas Petit Verdot,
Carignan y Grenache Noir. "Auténtico
vino de terruño con marcados matices
minerales y terrosos bien combinados, con
suaves notas ahumadas por la crianza en barricas
nuevas. Taninos que acarician aumentando
el placer al tomarlo", afirma acerca de la
cosecha 2002.
Otros dos varietales, el Nebbiolo
y el Brote Negro, compiten por los roles
protagónicos de esta bodega. Ambos
han obtenido las más altas calificaciones
de revistas especializadas. "Compacto a los
ojos, casi negro, aroma a frutos negros,
tinta china y violeta. La entrada en boca
es sotisficada, potente, muy equilibrada;
un lujo para los sentidos" , escribe la revista
Joy sobre el Nebbiolo de Viña Alicia,
una variedad originaria del Piamonte, pero
escasísima en Argentina.
El Brote Negro, por su parte,
es una mutación ampelográfica
del clásico Malbec de Lunlunta que
ha dado origen a un vino de carasterísticas
bastante particulares, en colores y aromas.
-¿Cómo
calificaría a sus vinos?
-Como vinos elegantes. Con
complejidad. Que expresan muy bien las frutas,
con buena estructura, y que tienen un sostén
que les permite vivir en botella mucho tiempo.
-Viña Alicia
tiene hoy un club, son 100 coleccionistas
de distintos puntos del globo, ¿cómo
se fue formando este club?
-Un amigo que tengo en Buenos
Aires me propuso comercializar nuestros vinos
a la manera de los Grand Cru franceses. Implementamos
un sistema por el que tenemos informados
a nuestros 100 socios todo el tiempo a través
de la web, tanto acerca de la cosecha, como
de la elaboración.
-¿Hay requisitos
para tener esta membresía?
-No, sin embargo de por sí el
socio que se acerca a buscar un producto
de estas caracteristicas es un conocedor.
-Su esposo Alberto
es el experto en cortes y el clonador de
varietales de esta bodega, ¿Alicia
también es una wine maker?
-No. Alicia es una administradora
de estas viñas, pero es una buena
degustadora (se rie). Cuando hay que hacer
los cortes me convocan, y aporto lo que puedo.
-¿Cuáles
son sus cualidades como empresaria?
-Soy organizada y prolija.
Nunca dejo algo al azar. Tengo objetivos
claros, trabajo mucho y a conciencia.
-¿Cómo
conoció a Alberto Arizu?
-Por amigos communes. Al poco
tiempo nos casamos. Yo tenía 21 años
y él 24. Al año tuve mi primer
hijo. Ahora ya están todos casados
y me han dado seis nietos. Mi vida no podría
haber sido más feliz.
-¿Entonces usted
sabía algo de viticultura?
-Muy poco. En verdad él
ha sido mi mentor, mi maestro, mi soporte.
-¿Por qué Viña
Alicia?
-No fue demasiado recatado
de mi parte, pero era mi emprendimiento,
así que no quedó otra que ponerle
mi nombre. Estas tierras eran de mi familia,
mi padre fue bodeguero y tuvo viñas
durante muchos años en Maipú y
Corralitos, además de estos viñedos
en la zona de Las Compuertas (Lujan). Cuando
mis padres fallecieron, hace doce años,
me dediqué por un tiempo al negocio
inmobiliario. Construí un edificio
y lo vendí, pero me di cuenta de que
nadie en mi familia me seguiría en
ese negocio. Así que me volqué de
lleno a esto, que es lo nuestro.
-Digamos que la empresa
se generó de forma espontánea.
-Fue una consecuencia "de".
De pertenecer a familias de bodegueros, de
amar el campo, de casarme con un hombre que
es una enciclopedia viviente de la viticultura
y la enología y un apasionado de la
viña, de tener hijos que están
involucrados en este negocio.
-¿Es una ventaja
o una desventaja ser mujer en el mundo
empresarial?
-La mujer es más sensible
que el hombre, y esto le permite estar en
contacto de forma más intima con la
gente en los lugares de trabajo, y por lo
tanto ver qué se necesita de una forma
más acabada.
-¿Alguna vez
tuvo que defenderse de actidudes machistas?
-No. Creo que cuando uno es
mayor y tiene el peso y la calma de la experiencia,
ya no hay fundamentos para rebatir con tanta
facilidad las ideas de una mujer. Tal vez
esta sí es una dificultad para las
chicas jóvenes, sobre todo cuando
son mamás, porque es verdad que la
maternidad nos limita para el mundo del trabajo.
Una mujer no es una trabajadora full time.
-¿Cree que su
papa, Miguel Mateu, estaría orgulloso
de lo que ha conseguido?
-(se emociona) Sí, mucho.
Mi papa falleció hace 12 años
y no dejo de extrañarlo: También
lo extrañan mis hijos, y mi esposo.
Todos en mi familia lo recuerdan con mucho
cariño. |